martes, 26 de enero de 2010

HAITÍ: NI ZOMBIS NI MACUMBEROS

Vodun o vudú significa Orixá en el lenguaje de la cultura y mitología fon de los esclavos provenientes del Dahomey hoy República de Benin en África Occidental.

Orixá u Orisha, es fuerza de la naturaleza o sea que Vodun, o su fonética actual simplificada “Vudú”, alude a religión que venera la Naturaleza, lo cual debería hacer la humanidad entera a ver si encontramos perdón por los abusos contra los recursos naturales y logramos que el planeta Tierra siga cuidando a nuestra descendencia en tiempos venideros y a nosotros en lo que nos queda por vivir.

Repito por si no queda claro, el mítico vudú, fabulado y explotado cinematográficamente reproduciendo estereotipos estigmatizantes sin reparar en el daño social y la discriminación que alimenta, es una práctica religiosa o religión de matriz afro como tantas otras. Es parecido a la Umbanda, el Candomblé, el Batuque y la Kimbanda en nuestra región, la Regla de Ocha, Santería, Palo Mayombe y Abakuá en Cuba, el Tambor ritual en Venezuela y así sucesivamente. Todas estas variantes tienen similitudes pues son derivadas de los credos tribales africanos llegados a NuestrAmérica con la diáspora cruel ocasionada por el tráfico de esclavos hacia territorios conquistados en el nuevo mundo por las potencias europeas. Algunos de esos cultos se han mantenido casi puros, otras veces se han producido lógicas mezclas o sincretizaciones entre éstos y la fe de los pueblos nativos o aborígenes y también con la religión de los colonizadores.

La leyenda de los muertos resucitados, fue y es usada por inescrupulosos que capitalizan la ignorancia y el desconocimiento de cierto auditorio proclive a tales efectos. Un dictador sanguinario en Haití se sirvió del terror para fines déspotas tanto con pseudo policías homicidas como con los supuestos zombis.

Como si fuera poca desolación, aparecen en Brasil y en EEUU dos individuos uno -¿diplomático!?- al parecer haciendo gala de su ignara estupidez y otro con intereses creados -multimillonario pastor Robertson- diciendo que la culpa del terremoto del nueve de enero pasado la tiene el mismo pueblo haitiano por tanta “macumba” y pactos con el Diablo hechos para lograr vencer a la monarquía francesa como sucedió luego de una gran sesión. Haití fue la primera nación negra independiente en el mundo al liberarse de Francia en 1804.

¡Además del sufrimiento espantoso que padecen se les endilga habérselos buscado?!

En la actualidad los telepastores neopentecostales venden sus servicios anti Satán al mejor ofertante encarnando el “eje del mal” en los rituales afroespirituales, mientras muchos de ellos son acusados de lavar dinero encubierto como diezmos. Demasiado saben que cuando dicen “macumba” peyorativamente o como adjetivo ofensivo, se están refiriendo a algo similar a una misa e igualmente sagrado.

Las religiones africanas fueron demonizadas como máxima forma de desprecio a fin de ser aniquiladas porque eran -y son- elemento de cohesión, identidad y resistencia. Así surge la idea del vudú y la macumba vistos como brujería o pactos con Satanás, figura que ni siquiera existe en el panteón mitológico afro.

Comprendan de una buena vez que los haitianos practican vudú, fieles a la religión de sus predecesores, ejercen un derecho humano cuando lo hacen y menos mal que conservan la fe.

Casi nada tienen, no les quiten también eso.

La población inmolada perpetuamente en un país endémicamente empobrecido y aún no descolonizado, sufre los efectos destructores de los huracanes de mayor magnitud arrasante que en islas cercanas debido a la tala indiscriminada de árboles por la quema de la floresta para ampliar las plantaciones de azúcar con las que acumularon cuantiosas riquezas los esclavistas. Eso para que ahora los haitianos sacien su hambre con galletas de barro cocidas al sol, mezcladas a veces con sal y grasa vegetal, altamente perjudiciales para la salud.

La colectividad afrodescendiente local, impulsa el Comité Afrouruguayo para la Reconstrucción y Desarrollo de Haití, activo en diferentes formas de ayuda y abierto a quienes deseen acompañarnos.

En respuesta a este acto de vandalismo verbal contra una nación hermana por más de 500 años acosada, damos participación a la celebración de una ceremonia interreligiosa de cuño africano por el pueblo de Haití a fin de mes, para despedir a sus muertos y rogar consuelo y paz para los sobrevivientes.

En Uruguay ya no tenemos conventillos, bastiones entrañables de la memoria patrimonial del África, y nuestras mujeres antes esclavas siguen siendo mayoritariamente domésticas u objeto de lujuria durante el Carnaval. Tímidamente han surgido espacios políticos que distan aún bastante de ser eficaces en términos de desarrollo y equidad racial. Depende de nosotros dijo el Padre Artigas por cuya causa patriótica plural muchas de las ancestras y ancestros queridos perecieron. Fortifiquémonos en la defensa de derechos propios como comunidad integrada e integradora.

A la sociedad sensible convocamos. Entre los cuerpos muertos en descomposición física y los cuerpos con vida en descomposición emocional, una bebita haitiana de diez y seis meses vivió casi tres días entre los escombros hasta ver otra vez la luz con sus ojos enormes. Hay esperanzas.

Hoy surgen por doquier “negrólogos” con recetas a la medida del racismo estructural concibiendo una sociedad desde sí mismos sin contemplar la realidad diversa que les rodea.

Sin importar el color de la piel, los afro-concientes debemos unirnos más que nunca para pasar del discurso a la acción. Somos capaces de gestar y gestionar los cambios acordes a nuestras necesidades, como lo fuimos de legar una cultura al mundo de la que hoy la humanidad toda se enorgullece.

Hagamos juntos el gran vudú para vencer la injusticia y la discriminación que campea. No esperemos el huracán o el tsunami porque si la desigualdad continúa, la desgracia ya está entre nosotros.

Susana Andrade

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