jueves, 24 de mayo de 2012

A 31 años de su desaparición física, Bob Marley ¿profeta olvidado?


¿Es posible una visión filosófico-musical de este genio de la espiritualidad militante? No es el momento de recordar su muerte. Nuestras palabras apuntan a la restauración, a la resurrección. Solo bajo estas premisas es posible abordar la figura legendaria de Bob Marley ((06.02.1945-11.05.1981) pero con la infinita certeza de saber y sentir que estamos evocando, uno de los protagonistas de esa lucha titánica por la autorrealización.

Su trama es la inversión del tiempo musical, nos toca en nuestras fibras débiles, nos conecta con el riesgo de cada día. La potencia de su música es la fuerza decidida de la mística, la creatividad poética y musical, todavía hoy, desafiante ante la mirada de la realidad, del emporio capitalista, la sordidez de las finanzas y la guerra de 4ta generación, con la cual jamás podremos conformarnos.

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La expansión de la cultura occidental que ocupó los siglos XV al XIX arrojó numerosas consecuencias. Ese proceso conocido por todos, llamado por algunos erróneamente, “descubrimiento”, “invención” y por otros acertadamente “etnocidio”, suministró las profundas bases de un fenómeno fundamental de la actualidad: la irrupción y penetración de los pueblos de la negritud en la historia universal, la hermosa llamarada de los Afrodescendientes.

Al aproximarse a la significación desde el punto de vista antropológico, de la población de África al llamado “Nuevo Mundo” añaden a nuestro porvenir, de manera paradójica – piensen en el europocentrismo, utilizado sin los abusos del caso, presente en nuestra tradición cultural - un universo cultural, que en el momento actual representa un tesoro prodigioso de valores. Miramos al caribe en toda su amplia dimensión – sus diversas zonas: anglo, franco e hispano – porque estamos conscientes de que una de sus áreas específicamente lo referente a Cuba, Puerto Rico, Santo Domingo – por diversos intereses, ha sido estudiada a otras regiones; como Trinidad, Martinica, Haití y especialmente Jamaica, no se les ha dado la verdadera importancia que hoy poseen, aun cuando sus tradiciones y costumbres permanecen todavía articuladas a un universo de creencias mágico-religiosas, que tienen todavía tanto que decirnos acerca de nuestra condición humana.

Ciertamente el continente americano fue obligado a imitar muchos de los rasgos de la sociedad europea que se expandieron en el proceso de conquista y colonización. No obstante, quedó por fortuna enraizado en su periferia – tanto en los cascos urbanos, como en la denominada área del tercer mundo – un conjunto significativo de costumbres, tradiciones, prácticas religiosas que conformaban no solo una conducta influenciada por los restos de un pasado remoto, sino que se estructuró en un sistema simbólico, en una cosmovisión del mundo que es la Filosofía Africana – Vudú, la Santería, el culto Rastafari y la Macumba cuyas consecuencias como proyecto de vida, como universo cultural y doctrina ética, la vemos expresada en sus manifestaciones musicales y en general en sus más diversas creaciones artísticas.

Haciendo abstracción –es decir sin tomar en cuenta- otras manifestaciones culturales del Caribe y centrándonos en Jamaica – que es la única manera de comprender la dimensión de Bob Marley - nos encontramos con un amplio espectro de valores musicales tendentes a la reactualización de las formas ceremoniales – ya que las modalidades rituales permanecen circunscritas a los secretos no revelado -.

Además del Culto Rastafari, de una amplia significación para la comprensión del fenómeno musical, que en la actualidad representa el Reggae, existen en Jamaica otras vertientes musicales – Revivalista, kumina, Gumbay, Jonkunnu, Set Dancing, Mento - que incluyen: las intenciones ceremoniales, los fines socio-religiosos y las motivaciones meramente recreativas. Es necesario concebirlas como un –todo- donde los fines éticos no escapan del despliegue de una energía, de una emanación virtualmente instintiva, pero con el infinito sentido que proporciona la mística y la espiritualidad.

La manera como se ha preservado ese inmenso universo cultural, religioso, representa un reto para cualquier intención investigativa, más para un juicio crítico que busque en las raíces antropológicas del fenómeno musical, una explicación omnicomprensiva de los perfiles socio-religiosos que sustentan y se ocultan, en la producción musical de nuestra sociedad de masas, tanto del centro, entiéndanse los países industrializado, como nosotros, es decir la periferia como diría el economista egipcio Samir Amin.

Lo que fríamente un analista político, neoliberal, observa en las masas explotadas del Caribe, es para nuestros ojos, mejor para la silenciosa certeza de nuestro corazón, drama trágico, la historia patética de todo nuestro pasado cultural, arrebatado de su seno materno. No en vano, la lírica de Marley desemboca necesariamente en la evocación poética y militante de un paraíso mítico, un Estado de naturaleza igualitario, un espacio y un tiempo sagrado. Es el mismo peregrinaje que en algún momento numerosas étnias – negros, cimarrones, caribes, negros, arawak, pieles rojas, tupi, consideraron como la única salida, la aventura que sin duda, más de su propia naturaleza y sus límites, llevarían a cabo, en aquella búsqueda de la Tierra sin Mal, vista en el Barco de Fiztcarraldo, de Werner Herzog, llamado el frecuentador de abismos quizás por su reciente film “Into the abyss, 2011.

No es tan simple el fenómeno del Reggae, visto a la luz de la actualidad. Desde el punto de vista musical, constituye uno de los paradigmas esenciales de la música popular contemporánea – piensen en la influencia que ha ejercido desde los trabajos diversos de hace décadas desde Nina Hagen, Peter Gabriel, The Police, Sting, Phil Collins, Rubén Blades, Jagger han de inspirar desnaturalizaciones y caricaturas sonoras como el regatton, también para una historia de la contracultura, significa una de las irrupciones de la religiosidad arcaica, jamás vistas en la historia del espectáculo, solo comparable con el movimiento hippie y la psicodelia de los años sesenta.

Ese movimiento, fielmente internacionalizado por Bob Marley, tiene en común ciertos rasgos con los diferentes cultos de raigambre africano – Vudú antillano, el culto a Changó de Cuba, la Macumba de Brasil – allí la música y la danza adquieren un valor casi hipnótico, la repetición es la retención, el despliegue de la eternidad contenida, energía, vitalidad, fuerza, retorno eterno.

II

El movimiento Rastafari, del cual se inspiró Bob Marley, tiene su origen en los años treinta, cuando un señor llamado Ras-Tafari fue coronado como Emperador. Haile Selassie I fue nombrado en Etiopía. De esa manera se cumplía la profecía: cuando se coronara un Rey Negro, el momento de la liberación estaría cerca. De esa manera el Rey Negro se había transformado en Cristo y Etiopía en Zion. Tal visión mesiánica no fue solo el espejismo de un optimismo soteriológico , ni tampoco simple milenarismo. Ciertamente, la irrupción de tal espíritu religioso, manifiesto en un nuevo contexto histórico, trajo graves consecuencias para el colonialismo inglés, aun cuando no concretaron una transformación en el ámbito social, como el pacifismo de Gandhi en la India y más reciente, el primer presidente negro, como nos quisieron impresionar con Barack Obama.

Sus metáforas, el compromiso con la dignidad humana y esa chispa divina, todavía nutre las esperanzas de la sensibilidad contemporánea. Nos atreveríamos a sostener que el movimiento Rastafari representa los primeros rasgos de una Teología de la Liberación. Tales preceptos e imperativos categóricos los encontramos en las prédicas de sacerdotes Rastafari – L.P. Howelara, Claudius Henry – teniendo como precursor de dicho movimiento a Marcus Garvey quien intuyó que la “Babilonia” – metáfora de la moderna sociedad de consumo – era los Estados Unidos- Garvey fundaría la UNIA-Asociación Universal para la Mejora del Hombre Negro,. Todas las premisas de la Religión Rasta se divulgaron, de manera secreta en la capital de Jamaica. Una zona infernal, de auténticos ghetos, jamás visto en la espectrometría de nuestro repertorio de films de violencia racial, lugares de absoluta miseria, destrucción y desesperanza, de allí surgiría el profeta de la espiritualidad, del amor y la firmeza: Robert Nesta Marley.

La religión del Jah Jah se suscribe a la poética musical de Marley, es una creencia que evoca a Dios y magnifica al continente africano como evocación del paraíso cristiano. En la evolución musical de este profeta de la música, considerada en su dimensión religiosa y subversiva respecto de los esquemas de racionalización que imperan en la producción musical de Occidente, tiene varios movimientos. Va desde la divulgación de un milenario religioso – antes de convertirse en supermercado espiritual, producto de la expansión de la sociedad capitalista – hasta una amplia revolución musical que sintetizó las formas ceremoniales del pasado histórico religioso de Jamaica – Jonkunnu, Set Dancing, Mento, Ska – aunque han sido “clasificados” como cantos meramente recreativos, su fondo guarda una nostalgia por la diversión, un rechazo al trabajo alienado y un humor que reclama un universo lúdico, única manera de fugarse, efímeramente, de numerosos siglos fe exterminio y sometimiento.

Son componentes de este universo sonoro: la práctica del baile; el uso de las drogas alucinantes; el manejo de ciertos instrumentos; la reivindicación del poder mágico de la palabra a un principio de realidad opresivo; el éxtasis hipnótico, que suministra la reiteración de una rítmica – novedosa para los residuos del Rhythm and Blues, la forma independiente del soul. La suspensión del Góspel secular que permanecieron en el Caribe Anglo – posibilitó una de las expresiones más genuinas- desde el punto de vista musical, que se expandió con toda su riqueza socio-musical hacia zonas aparentemente alejadas – desde los Beatles, diferentes grupos folklóricos del Caribe Anglo, los experimentos New Wave hasta las modernas tendencias de la vanguardia Etnotecno -. Fueron sus precursores además de Marley, el enigmático Peter Tosh, Jimmy Cliff, Max Romeo, Burning Spear, Rita Marley, permaneciendo fieles a sus preceptos, aún con variantes, los estilos de Steel Pulse, Black Uhuru y ahora sus hijo Julain Marley que en noviembre de 2011 visito Venezuela.

Marley, será no sólo una imagen de uno de los protagonistas, de esa lucha titánica por la autorrealización Su trama radica en la inversión del tiempo musical, pero también de este transcurrir del cosmos en su devenir. Significa toda la fuerza decidida de la espiritualidad, la creatividad poética-musical, desafiante ante la miseria del capitalismo, de la des-realización, con la cual jamás podremos conformarnos.

Joaquín López Mujica. Filósofo, músico y escritor

j.lopezmujica@laposte.net

Fuente: Legado Afro

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