viernes, 17 de agosto de 2012

HABLEMOS DE RACISMO EN CENTROS EDUCATIVOS



Existen casos de discriminación racial bastante acentuada en algunos liceos de nuestra capital.

Esto se enmarca en el flagelo social denominado bullying, o sea violencia bajo la modalidad de acoso entre niños o adolescentes de un mismo lugar de estudios. Esto siempre existió aunque no tuviera nombre propio ni se hablara abiertamente para lograr herramientas de prevención o erradicación. Es, descarnadamente, cualquier maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares o liceales de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado. El pretexto puede ser el mero “matonaje” del agresor, enfocado a humillar a las o a los demás basado en la fuerza física o sicológica, imponiendo arbitrariamente su enferma voluntad -por ejemplo cobrar peaje en dinero por permitir entrar al baño, apropiarse de comestibles, uso abusivo de útiles escolares ajenos, manoseo, pedir plata coercitivamente, hostigamiento por medios electrónicos- o simplemente menospreciar o inducir a menosprecio público a un compañero o una compañera por razones varias, poniendo apodos ridiculizantes centrados en una supuesta desventaja de la víctima, sea discapacidad, color de piel, opción sexual, etnia, creencias, sexo, nacionalidad, escolaridad y múltiples variables, pues se llega a discriminar hasta a quienes tienen altas calificaciones, alentando a la vagancia y la mediocridad como modelos.

Actualmente se preparan docentes con instrumentos de Derechos Humanos para el combate a la exclusión y fomento de la inclusión social, única alternativa a la apremiante circunstancia de fractura inter alumnado, causa de deserción de los estudios y hasta de suicidios en adolescentes, pues ir a clases padeciendo bullying se vuelve una pesadilla.

Promover el respeto a la diversidad cultural es un gran antídoto contra el racismo y todo tipo de discriminación.

No prejuzgar a las personas por su aspecto exterior o preferencias sino apreciar sus virtudes humanas, practicando solidaridad y compañerismo, no dejando surgir guetos.

Es delito cometer actos de odio racial o discriminación en Uruguay según el Código Penal.

Pero las leyes no alcanzan si no prospera la equidad en el corazón.

En los locales de enseñanza hay que trabajar en forma concreta esta problemática, preocupados y ocupados en función de la profundidad del tema. Nunca dejando en soledad al menor que sufre acoso. Cuidando los libros educativos cuyos contenidos pueden conservar discursos racistas o discriminantes de otras épocas cuando no eran visibilizadas estas cuestiones.

Si no existe la materia “ética y valores” provocar el intercambio o usar el Espacio Curricular Abierto, muy bien pensado en Secundaria para tratar sentimientos y vivencias de la población estudiantil.

Si no generamos convivencia pagaremos con desmedro en desarrollo social.

Crear espacios de integración es el desafío. Construir un “nosotros” a partir de “los otros”.

El ámbito de estudios debería ser inmejorable ejemplo de coexistencia armónica, preparación para una adultez responsable con problemas y también con soluciones logradas en colectivo. Donde el miedo, el rechazo y la desconfianza no tengan cabida y donde las personas puedan sanamente capacitarse para ejercer ciudadanía democrática y digna. Así nacerán; con el aporte de todas y todos; y junto a los heredados de la familia, aquellos valores que nos acompañarán durante toda la vida.

SUSANA ANDRADE - ATABAQUE

www.atabaque.com.

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